
Encontramos a este tipo en el tranvía de Gotemburgo.
Su nombre era la suma de 7 u 8 palabras, y la mayoría
eran yankis. Se pensó que, como españoles, teníamos
algún tipo de prejuicio o estereotipo sobre los suecos
y me retó a demostrarle si me había integrado en su
país. Yo saqué esa salchicha de pavo de mi bolsa y
le dije "don't mess with a Spanish guy carrying a loaded
Swedish sausage". Entonces me la pidió y se voló la
tapa de los sesos en mitad del vagón. Era un buen tipo.

Y fuimos a casa de Chris Ingelhammar y Margarita Iribarren. Sois geniales!

Margarita nos mostró algunas de sus obras.

Aparte de colgar de paredes o ser expuestas en galerías, pronto serán gráficos de tablas.













Estuvimos a punto de ver un concierto de Coco Tea, pero cuando llegamos a la sala lo habían cancelado.
Chris nos mostró su colección de vinilos y pasamos horas escuchando verdaderas joyas.

Y pasamos la noche, o lo que quedó de ella, en este decadente hotel del centro de Gotemburgo.

Con vistas a un día de verano de postal sueca.
